«Tiene mocos y tos, doctor. ¿Lo vigilo en casa o lo llevo a consulta?»

Para fines muy prácticos, no me fijaría sólo en los mocos o en la tos. Hay cuatro cosas que nos orientan mejor: cómo respira, si puede comer o tomar líquidos, cómo se comporta y si va mejorando o empeorando.

¿Qué suele pasar con un resfriado?

Generalmente comienza con congestión, mocos, estornudos y algo de tos. En los niños pequeños también puede haber fiebre. Con los días, los mocos pueden hacerse más espesos o cambiar de color; eso, por sí solo, no significa que necesite antibiótico.

Si tu hijo respira sin esfuerzo, sigue tomando líquidos, responde como siempre y no se ve cada vez peor, puedes observarlo de cerca. Ofrécele líquidos con frecuencia. Si es bebé, continúa sus tomas y ayúdale a despejar la nariz cuando la congestión le dificulte alimentarse.

¿Cuándo deja de parecer un resfriado sencillo?

Algo bien importante: algunas enfermedades respiratorias empiezan igual que un resfriado. En un bebé, por ejemplo, una bronquiolitis puede comenzar con mocos y tos, y después hacer que respire con más esfuerzo o que ya no pueda alimentarse bien.

Por eso no intentaría distinguir un resfriado de una neumonía o una bronquiolitis sólo por el sonido de la tos, el color de los mocos o qué tanta fiebre tiene. Hay que ver al niño y observar cómo evoluciona.

Busca atención urgente si se le hunden las costillas o la parte baja del pecho al respirar, hace un quejido al respirar, presenta pausas respiratorias, tiene los labios o la lengua azulados, está muy decaído o cuesta despertarlo. También si la dificultad para respirar no le permite alimentarse o beber.

Pide una valoración pediátrica pronta si respira más rápido de lo habitual aun estando tranquilo, toma mucho menos de lo normal, moja claramente menos pañales u orina menos, aparece un silbido al respirar o, en lugar de mejorar, va empeorando. Si nació prematuro o tiene una enfermedad del corazón, de los pulmones o de sus defensas, conviene consultar antes.

¿Qué pasa si es menor de tres meses?

Con un bebé menor de tres meses somos más cuidadosos. Si tiene fiebre o una temperatura inusualmente baja, necesita valoración sin demora, aunque también tenga mocos. Y si come mal, está menos activo o respira diferente, tampoco esperes a ver si se le pasa. A esta edad, una enfermedad importante puede comenzar con señales poco evidentes.

La idea para recordar: no tomes la decisión por los mocos. Mira cómo respira tu hijo, cómo se alimenta y cómo se comporta. Si algo de eso cambia, es momento de buscar valoración.

Referencias médicas

  • Marcdante KJ, Kliegman RM, Schuh AM. Nelson Essentials of Pediatrics. 9.ª ed. Elsevier; 2023. Capítulos 96, 102, 109 y 110.
  • Kliegman RM y colaboradores, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 21.ª ed. Elsevier; 2020. Capítulo 418: Wheezing, Bronchiolitis, and Bronchitis.